lunes, 23 de julio de 2012

EL ASESINATO DEL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO. PARTE II El Tortuoso paradero de los Restos del General Sucre.

EL ASESINATO DEL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO.
PARTE II
El Tortuoso paradero de los Restos del General Sucre.
    
     Para el presente artículo sobre el paradero y vicisitudes ocurridas con los restos mortales del vencedor en Ayacucho, General en Jefe Antonio José de Sucre, nos basaremos principalmente en las investigaciones realizadas al respecto por el historiador Ángel Grisanti, y cuyas conclusiones publicó en el año de 1948 en su folleto titulado “Los Restos del Gran Mariscal de Ayacucho y la hacienda El Deán”.
    En la obra citada, Grisanti emite las siguientes conclusiones:
1-      Los restos del General Sucre permanecieron enterrados en la selva de Berruecos, luego de su asesinato el 4 de junio de 1830 hasta el año de 1833, cuando una comisión encabezada por el General Isidoro Barriga (segundo esposo de la Marquesa de Solanda, viuda de Sucre), y compuesta por miembros de su servidumbre, de los sargentos Caicedo y Colmenares, quienes fueron los que sepultaron el cadáver, y de algunos amigos muy respetables, se trasladó secretamente al lugar del crimen, y siguiendo el itinerario y las indicaciones de Caicedo y Colmenares exhumaron los restos mortales, los colocaron en una urna como de cuatro pies de longitud y los trasladaron a la sacristía de la Iglesia de San Francisco en la ciudad de Quito. Con ello se desmiente, las afirmaciones de la propia Marquesa de Solanda, quien en contestación a una carta de reclamo de un familiar del difunto, el Sr. Jerónimo Sucre, dice en su respuesta fechada el 21 de noviembre de 1833, que los habían buscado poco tiempo después de haberse perpetrado el asesinato.
2-      El historiador afirma que probablemente, el mismo año de 1833, los restos del General Sucre se trasladaron con igual secreto de la Iglesia de San Francisco, a la Hacienda El Deán, propiedad de la Marquesa de Solanda y mezclados en una misma urna, con los restos de su pequeña y única hija también fallecida trágicamente en 1830; para luego ser trasladados al Convento llamado del Carmen Moderno entre los años de 1859 y 1861. Una comisión venezolana, junto con representantes del gobierno ecuatoriano, que desconocían todos estos incidentes, realizó investigaciones entre los años de 1876 y 1894 en busca de los restos del héroe, siempre basados en el supuesto de encontrarlos en la Iglesia de San Francisco, no hallándolos finalmente, lo que generó un conflicto entre ambas comisiones.
3-      En el año de 1900, producto de las revelaciones de la Señora Rosario Rivadeneira y de la MadreMaría de la Concepción Jamesson, Priora del Monasterio del Carmen Bajo, se supo que los restos del Gran Mariscal de Ayacucho estaban sepultados en dicho convento, siendo exhumados el 24 de abril de ese mismo año a las dos de la tarde, separados de los restos de su pequeña hija y luego trasladados a la Catedral Metropolitana de la ciudad de Quito, donde reposan en la actualidad.
Grisanti, Ángel, Los Restos del Gran Mariscal de Ayacucho y la Hacienda El Deán. Quito, editorial Plenitud, 1948, 48 p.
“Correspondencia de Quito.
Los Restos de Sucre – El Nuevo Monumento erigido en la Catedral de Quito – Autenticidad de las cenizas del Mariscal. Investigaciones del Arzobispo de Quito – Interesante Narración – El Secreto de las Monjas.
El Universal Nº 2.918, lunes 16 de Julio de 1917
    Quito, Junio de 1917 – En la capilla de almas de la Iglesia Metropolitana se ha verificado la bendición del magnífico pedestal sobre el que descansaran definitivamente los restos mortales del Gran Mariscal de Ayacucho, don Antonio José de Sucre.
    La obra fue encomendada a los talleres salesianos de la Tola y los sacerdotes que los dirigen y los artesanos y artistas a cuyo desempeño se encomendó la ejecución han puesto en ésta todo esmero hasta que resulte como ha resultado, una admirable obra de arte.
El pedestal es cuadrangular, mide tal vez unos tres metros de altura en cada una de las caras se encuentran unas planchas que semejan mármol negro jaspeado, y es tan perfecta la imitación que para ser mármol de veras solo le falta el hielo de esa piedra.
El resto de las caras del pedestal es primorosamente tallado; en la del frente se han esculpido los emblemas de la Patria y de la guerra; todos los artísticos tallados están cubiertos de oro fino, dorado que lo ha ejecutado el competente trabajador español a cuyo cargo corrió el revestir de oro el altar mayor y los altares laterales de San Agustín.
    Incrustada entre los emblemas de la Patria y de la guerra se encuentra una plancha de verdadero mármol y en la que esta grabada en letras de oro la siguiente inscripción:
InclitiDucis
Antoni Joseptti Sucre
Ossa sub Sanctae Crucis Vexillo
In futuraeresurrectionisspe
Hoc in Cinerario conditaQuiescunt.
    Los despojos del Gran Mariscal los ha guardado hasta ahora la Iglesia Metropolitana como los auténticos del héroe de Pichincha y para que la Autoridad Eclesiástica no contribuyera a un público engaño el Ilustrísimo Señor doctor Federico González Suárez, Arzobispo de Quito, hizo privadas indagaciones, de las que resultó plenamente comprobado que los restos encontrados en 1900 en el Carmen Bajo, eran real y positivamente del Vencedor de Ayacucho.
He aquí la relación hecha por el Ilustrísimo Señor González Suárez, relación contenida en una de las notas que ilustran el contenido del segundo tomo de sus Obras Oratorias, publicado en ésta Capital el año de 1911.
    Común era la creencia de que los restos de Sucre estaban en la Iglesia de San Francisco; más, ¿Cuál era el fundamento de semejante creencia? – nadie sabia decirlo… Se creía que estaban allí, porque se suponía que allí debían estar. Doña Mariana Carcelén, la viuda de Sucre, se decía era muy devota de la Iglesia de San Francisco, y ahí ha de haber depositado los restos de su esposo, cuando los hizo traer de Berruecos, donde fueron sepultados. – En mi niñez conocí a esta señora y observé quela Iglesia frecuentada por ella todos los días era de la Compañía, muy próxima a casa.
En el año de 1894, cuando, por segunda vez se buscaron en vano los restos de Sucre en San Francisco, entonces supe yo casualmente que no estaban allí, sino en la Iglesia del Carmen Bajo; esta noticia la dio aquellos mismos días al Señor Carlos Demarquet una señora Rivadeneira, anciana, la misma que después se la comunicó al señor doctor Melo; el señor Demarquet era entonces Jefe político de Quito, y, como tal presidia en las investigaciones, que se estaban haciendo en la Iglesia de San Francisco; una tarde acercósele una señora y le dijo: en vano están buscando aquí los restos de Sucre: esos restos no están aquí: yo se donde están: están en el Carmen Bajo. – Demarquet, muy disgustado por la actitud insoportable del señor Sucre, sobrino del Mariscal, le dijo a la señora Rivadeneira: señora, calle usted; guarde usted silencio. Cuidado diga usted a nadie nada. Este clérigo es inaguantable!
    No se si el Señor Demarquet dio o no crédito a la señora Rivadeneira. Lo cierto es que en aquella ocasión las intemperancias del señor Canónigo Sucre impidieron que se buscaran en el Carmen Bajo los restos del Gran Mariscal – La noticia dada por la señora Rivadeneira al señor Demarquet con la respuesta y resolución de éste, las supe yo esa misma tarde: me las refirió un amigo mío, a quien le contó lo ocurrido el mismo señor Demarquet.
    El año de 1908, estando yo ya de Arzobispo de Quito, enfermó gravemente la Reverenda Madre María de la Concepción Jamesson, Priora del Monasterio del Carmen Bajo: fui a visitarla, tanto por consolar como Prelado a la religiosa, como con el propósito de hablar con ella acerca del hallazgo de los restos de Sucre.
Conocía yo a ésta monja, la había tratado antes y la estimaba, porque era señora adornada de prendas morales no comunes: después de hablar de varios asuntos relativos a los intereses espirituales de la comunidad, le dije: Madre, usted fue quien avisó que los restos del General Sucre se encontraban en la Iglesia de este convento?
   - Sí, Ilustrísimo señor: yo fui, me respondió la monja.
Usted tuvo la seguridad de decir la verdad?, le repuse yo.
   - Sí señor Arzobispo: si tuve seguridad, contestó la monja.
No estaría usted engañada? Le observe yo.
Sonrióse la monja, y me replico con entereza:
   - No señor; no estuve engañada: me constaba bien lo que aseguraba.
¿Y cómo le constaba a usted? – le replique yo a mi vez.
    Entonces la monja me hizo la relación siguiente: - En este convento hubo dos madres carcelenes, ambas tías de la Señora Mariana, viuda de Sucre. Una de las madres, la madre (no me acuerdo yo del nombre: la madre Jamesson lo dijo y yo lo he olvidado), era la heredera legítima del marquesado de Solanda, y por la renuncia que de él se hizo cuando profesó, lo heredó su sobrina, la Señora Mariana. Esta venía muy amenudo a este convento, y, como tenia licencia, entraba adentro y visitaba a sus tías. Cuando el General Sucre fue asesinado mandó traer su cadáver a Quito: lo trajeron, en silencio, y lo depositaron, a ocultas, en la hacienda, que la Señora Marquesa tenía en Chillo: ahí estuvo algún tiempo: después, así mismo en silencio, lo trajeron acá y lo sepultaron, a escondidas, aquí. Pocas, muy pocas, contadas éramos las monjas que sabíamos el secreto: yo era joven, muy joven entonces, y las madres Carcelenes me querían mucho, y, por eso supe yo todo.
Continuando su narración, añadió: - La Señora Marquesa, la Señora Marianita, solía venir acá, y aquí lloraba en silencio por Sucre, acordándose de él y de cómo lo mataron: mandaba celebrar misas y hacer sufragios por su alma. La hijita de Sucre estaba también enterrada aquí. – La última vez que vino la Señora estuvo en mi celda, y lloró más que otras veces.
    La madre Jamesson estaba con su inteligencia clara y su razón muy serena. Me acompañaba en ésta visita mi Provisor, el señor don Pedro Martí, ahora Chantre de la Metropolitana: pocos días después de ésta conversación, la madre Jamesson falleció tan cristianamente como había vivido.
    La autoridad civil no volvió a acordarse más de los sagrados despojos.
    Descompuesto el soberbio túmulo que se levantó en la Catedral para que reposara la riquísima urna cineraria, mientras se celebraban los solemnes funerales, a raíz del hallazgo del ínclito Mariscal, fue trasladada la indicada urna a la Capilla del Santísimo y quedó sobre el piso.
Después se la llevó a la de las Almas y se la puso encima de la serie de nichos donde se conservan los restos de algunos sacerdotes y personas particulares.
    Las cenizas del ínclito cumanés descansarán ahora sobre el hermoso pedestal erigido por la manuficencia y patriotismo del Ilustrísimo señor doctor Federico González Suárez, Arzobispo de Quito, y del venerable Cabildo Metropolitano. Allí continuará hasta que los poderes públicos de la Nación se acuerden de la obligación que tienen de erigir un digno y grandioso monumento fúnebre donde se depositen los restos de uno de los más esforzados capitanes de la independencia Americana, del valeroso General que selló la de nuestra Patria en la inmortal jornada del Pichincha.
                                                                                                                            Ernesto Peralta.”
Archivo de la Academia Nacional de la Historia, documento XVII – 11 – caja 62.

Informe de la Facultad Médica sobre la Identidad de los Restos del Mariscal de Ayacucho.
    A continuación, transcribimos algunos extractos del informe levantado por la Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador, que examinó los restos del General Antonio José de Sucre, exhumados en abril de 1900 en el Convento del Carmen Moderno, en la ciudad de Quito:
    “…El cajón cuadrangular en que se encontraban los restos mencionados, deteriorado por el tiempo, con la falta de la cubierta y uno de los lados menores, tenia las dimensiones que sigue: longitud, cincuenta y cuatro centímetros, dos milímetros; anchura, veintiocho centímetros, dos milímetros. Fuera del cajón halláronse un vestido de seda, negro, de mujer y fragmentos de casulla y tablas. Del interior del cajón, y con la mayor prolijidad y esmero, se sacaron diferentes piezas de esqueleto, separándolas de la tierra que las cubría; junto con ella se encontraron los objetos siguientes:
1º - Una bata de niño, de cincuenta y un centímetros de largo, ciento veintidós de circunferencia, y cuya manga es de veintiséis centímetros de longitud.
2º - Una camisa de niño, de cincuenta y tres centímetros de longitud, noventa y cuatro de circunferencia, y que en el cuello tiene treinta centímetros de contorno.
3º - La parte anterior de otro vestido de niño, de cincuenta y un centímetros de longitud y de cuarenta y uno de anchura.
    Los huesos que se encontraron son:
    Un cráneo, con la parte de los huesos de la cara, y cuya región temporal derecha llamó inmediatamente la atención de los circunstantes, por la perforación que en ella se descubre; un maxilar inferior, un puño y cuerpo de esternón, dos clavículas, diez y nueve vertebras, muchos fragmentos de costillas, una mitad superior del sacro, dos fragmentos de omóplato, dos húmeros, dos radios, de los cuales el derecho sin cúpula, dos cúbitos, algunos huesos de las manos, dos coxales, con las partes ilíacas destruidas, dos fémures, dos tibias, dos peronés, una rótula, dos calcáneos, dos astrágalos, algunos huesos más de los pies…
    …En vista de los datos que anteceden, la Facultad de Medicina ha podido arribar a las siguientes conclusiones:
1ª – Los huesos descritos pertenecen a un solo individuo del sexo masculino;
2ª – Por el depósito de sales calcáreas que los cubrían, su fragilidad y la presencia en la tierra de sustancias nitrogenadas, de origen animal, según resulta del análisis químico practicado, han debido de permanecer enterrados por mucho tiempo;
3ª – Por el examen de las suturas craneanas, configuración de los huesos, falta de soldadura de las piezas del esternón y caracteres del maxilar inferior, el esqueleto pertenece a un individuo que ha muerto entre los treinta y cinco y cuarenta años de edad;
4ª – Por la comparación de las diferentes longitudes de los huesos de los miembros la talla del muerto debe haber sido, poco más o menos, de ciento sesenta y ocho a ciento setenta centímetros;
5ª – Por los caracteres de la lesión descrita en la región temporal derecha, aquella debió ser producida por un proyectil esférico de arma de fuego, que hirió el cráneo en la dirección de una tangente, produciendo una fractura por hundimiento del parietal, la que una vez destruidas las partes blandas, dio lugar a la perforación encontrada;
6ª – Las pequeñas depresiones notadas en la cavidad orbitaria derecha y cara externa de la rama del maxilar inferior del mismo lado, parecen debidas a proyectiles de corto diámetro;
7ª – Los cabellos encontrados, por su aspecto y longitud diferentes, pertenecen a dos personas distintas; y esto se corrobora por la presencia de las prendas de vestir de niño que se encontraron.
    Teniendo en cuenta el conjunto de estos detalles, por una parte, y por otra:
a)      La perfecta conformidad que guardan las lesiones del cráneo con las desgarraduras que se encuentran en el sombrero que llevaba la victima el día del horrorosa crimen;
b)     Las particularidades de configuración de la cabeza, particularidades que resultan mejor comparando el perfil trazado con los retratos auténticos del Gran Mariscal;
c)      Las lesiones encontradas en el antebrazo derecho, que bien pudieran ser consecuencia del atentado cometido en Chuquisaca el 18 de abril de mil ochocientos veintiocho;
d)     Y los demás pormenores de pública notoriedad que suministra la historia contemporánea:
    La Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador, cree: que está comprobada la identidad de los restos encontrados en la Iglesia del Carmen Moderno, como que son los del General ANTONIO JOSÉ DE SUCRE.
    Quito, Mayo 7 de 1900.
    El Decano, Lino Cárdenas. – El Profesor de Clínica Interna, Ascencio Gándara. – El Profesor de Terapéutica y Materia Médica, Rafael Rodríguez Maldonado. – El Profesor de Bacteriología, Ricardo Ortíz. – El Profesor de Patología General, Patología Interna y Anatomía Patológica, Manuel María Casares. – El Profesor de Medicina Legal e Higiene Pública, Manuel María Almeida. – El Profesor de Anatomía General y Descriptiva, Guillermo Ordóñez. –El Profesor sustituto de Patología Externa y Obstetricia, Luis Felipe Leoro. – El Profesor de Física Médica, Juan Antonio López. – El Profesor sustituto de Fisiología, José María Onntaneda. –El Profesor de Química Orgánica, Fisiología y Cuantitativa, Aparicio Batallas Terán. – El Secretario de la Universidad Central, Daniel Burbano de Lara.”

 La Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador 
que examinó los restos 
del Gran Mariscal de Ayacucho en 1900.

 Cráneo del Gran Mariscal Antonio José de Sucre, donde se aprecia sobre el temporal derecho, el orificio originado 
(ver informe de la Facultad arriba citado) 
por la herida superficial de uno de los cortados de plomo

 Sombrero que llevaba el General Sucre cuando fue asesinado en la selva de Berruecos.
En el mismo pueden apreciarse los orificios producidos por algunos de los cortados de plomo 
que hirieron superficialmente la cabeza del héroe


Recopilación de José Peña, Caracas 2012.

 
BIBLIOGRAFÍA:
-         RUMANZO GONZÁLEZ, ALFONSO. Sucre Biografía del Gran Mariscal. Reedición homenaje de la Presidencia de la República, caracas 1995.
-         COVA, J. A., Sucre Ciudadano de América, Vida del Gran Mariscal de Ayacucho. Caracas, ediciones de la Presidencia de la República, 1995. Reedición de la versión original de la obra de 1945.
-         PÉREZ y SOTO, JUAN BAUTISTA. El Crimen de Berruecos, Asesinato de Antonio José de Sucre Gran Mariscal de Ayacucho, Escuela tip. Salesiana, Roma 1924, V tomos.
-         VILLANUEVA, LAUREANO. Sucre Vida del Gran Mariscal, imprenta nacional, reedición de la Presidencia de la República, Caracas 1995.
-         GRISANTI, ANGEL. Los Restos del Gran Mariscal de Ayacucho y la Hacienda El Deán, editorial Plenitud, Quito 1948.
Fotografías tomadas del libro de Ángel Grisanti titulado El Gran Mariscal de Ayacucho y su esposa La Marquesa de Solanda, imprenta nacional, Caracas 1955.

5 comentarios:

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  2. Yo estuve en Quito entre los años 1.978 y 1.979 y uedo corroborar que lo que se dice en este escrito es verdad, ya que conocí al venerable anciano quiteño que era el padre de la joven para esa época Martha Aguilar Lemus; siendo los dueños de la Estación de Servicio Mariscal "Sucre" en Quito. Dicho anciano me contó lo relacionado con la aparición de los restos del Abel de Colombia, Antonio Josef de Sucre y Alcalá, Gran Mariscal de Ayacucho, él en esa época era un niño y trabajaba cn un viejo zapatero quiteño, cuando llevaban los restos en proseción hacia la Catedral de Quito, su jefe salió corriendo para ver lo que allí sucedía, y ese joven niño extrañado, le gritó al anciano: ¿Señor, que hago con estos viejos papeles? Y el anciano le respondió con estas palabras: "Botalos a la basura". Y el niño le preguntó nuevamente: ¿Me uedo queda con ellos? Y el viejo le dijo estas palabras: "Si, quedate con ellos". El señor Aguilar los conservó desde el año 1.900 hasta esa fecha, y lo curioso de uno de esos documentos originales, es que uno de ellos esta firmado pr el Mariscal Sucre, en donde le manifestaba al Obiso de Quito a los tres días de la gloriosa Batalla de Pichincha que le hiciera un misa o Te deum en honor a todos los caidos en esa memorable batalla. Esa carta era desconocida por el Dr. Luis Malave Villalba Villalba, quien para entonces era el Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, y así se lo notifique desde Quito en esos tiempos. Igualmente me lo corrboraron los descendientes del Obispo Federico González Suarez. León Manuel Morales, francmasón Grado 33º, mblp2004@yahoo.com, 04127308823 04269006413 Segundo Vigilante de la Respetable Logia Simbolica y Benemerita Generalisimo Ezequiel Zamora Nº 12 al Oriente de Cúa-Edo. Miranda, Venezuela, Oficial de Marina Mercante, Historiador y Patrimoni Cultural Viviente del Edo. Vargas.

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  3. Yo estuve en Quito entre los años 1.978 y 1.979 y uedo corroborar que lo que se dice en este escrito es verdad, ya que conocí al venerable anciano quiteño que era el padre de la joven para esa época Martha Aguilar Lemus; siendo los dueños de la Estación de Servicio Mariscal "Sucre" en Quito. Dicho anciano me contó lo relacionado con la aparición de los restos del Abel de Colombia, Antonio Josef de Sucre y Alcalá, Gran Mariscal de Ayacucho, él en esa época era un niño y trabajaba cn un viejo zapatero quiteño, cuando llevaban los restos en proseción hacia la Catedral de Quito, su jefe salió corriendo para ver lo que allí sucedía, y ese joven niño extrañado, le gritó al anciano: ¿Señor, que hago con estos viejos papeles? Y el anciano le respondió con estas palabras: "Botalos a la basura". Y el niño le preguntó nuevamente: ¿Me uedo queda con ellos? Y el viejo le dijo estas palabras: "Si, quedate con ellos". El señor Aguilar los conservó desde el año 1.900 hasta esa fecha, y lo curioso de uno de esos documentos originales, es que uno de ellos esta firmado pr el Mariscal Sucre, en donde le manifestaba al Obiso de Quito a los tres días de la gloriosa Batalla de Pichincha que le hiciera un misa o Te deum en honor a todos los caidos en esa memorable batalla. Esa carta era desconocida por el Dr. Luis Malave Villalba Villalba, quien para entonces era el Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, y así se lo notifique desde Quito en esos tiempos.

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  4. Ante todo permitanme felicitarles por tan valiosa información, tanto al redactor quién compiló la misma así como a las personas que muy modestamente comentaron. Me siento muy dichoso y agradecido del que existan páginas como éstas y por supuestos personas como ustedes que día a día se interesan y se esfuerzan por dar a conocer la historia de los personajes y de nuestros próceres latinoamericanos, muy en especial los venezolanos. Saludos y nuevamente mis mas sinceras felicitaciones.

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    1. Muchas gracias Señor Rubén por su amable comentario acerca de mi blog... la verdad me complace que gusten y le sean interesantes sus articulos, los cuales espero seguir aumentando en los proximos meses, segun la disponibilidad de mi tiempo, ya que es solo eso lo que los ha limitado y espaciado en el tiempo.

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